COMETA MAGICO

CUENTO PARTICIPATIVO

Colaboraron en la redacción: Claudine, Yasmin, Nito, Ted, Concepción, Nebrik, Paula, Nati, y Jonathan

EL HECHIZO DE NÉMESIS

 

Capitulo 3 "La Aprendiz"


La calma del ambiente se turbó por el ingreso a la sala de Egle, la esclava, que presurosa retiraba las tazas de té, en silencio y sin levantar su mirada. Némesis, con fina y delicada voz, susurró a Zador

-Gran maestro, quiero iniciar un experimento-

El mago con el entrecejo fruncido, turbado por la petición de su aprendiz. Mirándola a sus fríos, pero intrigantes ojos, con más preocupación por responder algo que no sonara tan severo a los oídos de la impaciente joven, que por reprenderla. Le respondió:

-Cuando yo era un aprendiz, casi tan joven e inexperto como tu, sin permiso de mi maestro lleve a cabo un conjuro-

Con una mezcla de curiosidad y enfado, Némesis afirmo

-¡Seguramente, lo habéis realizado con éxito!-

Zador, cambiando el tono de su voz, pasando de la suavidad a un una agudeza molesta, dijo:

-¡Claro que no!. Todos creemos que sabemos mucho y no es así-

Némesis, que era persistente como una fragancia exótica, nuevamente adoptando una pose sensual, con la que conseguía de los hombres lo que se proponía, le pidió a Zador que le relatara esa historia. Ninguno de los dos tenían demasiado apuro en separarse y esta química de la relación, fortalecía los deseos de estar juntos, claro que con distintas intenciones.

El alquimista comenzó su relato.

-Cuando era un aprendiz, visite a un mecenas en los bosques de Buruntok, cumpliendo un pedido de Osmuld. Fue entonces que conocí a un pobre leñador, que había sufrido la amputación de una mano en un combate por su Señor.

Némesis, movía sus manos, como si los nervios la turbaran. Zador sin dejar de mirar a su aprendiz, levantando su capa y apoyándola en el respaldo del sillón. Acomodándose continuó el relato.

-Se trataba de un hombre de abundante barba, piel curtida y de contextura robusta por su actividad. La personalidad del leñador Derien, era muy interesante. Si bien era rústico, se había preocupado por las artes y la música, con la ayuda de un juglar, se perfeccionó en los relatos épicos y cantaba alabanzas a los caballeros de su villorrio. Esa increíble habilidad en un leñador lo había acercado a las fiestas del castillo, donde había conocido a una doncella, llamada Luana, de la que se enamoró, pero la pérdida de su mano, lo había desalentado a confesarle su amor.

-Cuando conocí su padecimiento, no dude y me ofrecí para solucionar su problema con un conjuro-

Recordé un viejo conjuro que Osmuld había usado para sanar a unos nobles que habían combatido por santos ideales. El Gran Maestro conocía la magia y como emplear el conjuro, pero yo era aún un aprendiz, y no estaba en condiciones de afrontar tal compromiso. Ahora lo comprendo.

Sin pensarlo dos veces me paré frente al leñador y extendiendo mis manos sobre la cabeza del pobre hombre comencé a decir las mágicas palabras que formaban el conjuro.

-ORBMEIM LE DENOPMOCER DINEV ARREIT ALED SEREDOP-

Una fuerte luz de repente surgió del suelo, donde el infortunado leñador estaba arrodillado. Cada vez, se tornaba mas fuerte y como una tromba tiraba del cuerpo del hombre, que entre una mezcla de sorpresa y confianza, se entregaba mansamente.

-OTREISED LED SALENITNEC, ZUL LA ED SAZREUF-. Grité con mas fuerza. Maravillado por el poder que mi conjuro estaba tomando. Vi como comenzaba a rasgarse la camisa del leñador, apareciendo desde abajo una forma rara, que parecía una mano deforme, con largos dedos. Cuando la luz dejó de brillar, la fuerza se desvaneció, se escucho un desgarrador grito de dolor, que rompía la calma del bosque, el leñador caía al suelo y yo un poco exhausto, me acerqué para ver mi trabajo mágico. Levanté el brazo de Derien y vi que había crecido una garra de dragón, de color verde y de rugosa apariencia, en lugar de una mano.

- Por la Magia de los Cielos!!! . Me equivoque de conjuro-

-No os preocupéis voy a repáralo ahora mismo- Le dije a Derien

Pero su confianza en mí iba decreciendo, con un poco de preocupación me preguntó.

- ¿Sabéis como hacerlo? ¿No quedara peor? Os agradezco que mi mano haya vuelto, aunque mi doncella se asustará cuando me vea-

Némesis se acomodaba nuevamente apoyando sus codos en la mesa y sosteniendo su cabeza. Zador, concentrado en su narración, se había olvidado de todos los preparativos para la pócima y estaba convencido que su relato sería más instructivo que cualquier lección, para calmar la impaciencia de la joven.

Con un cejo de preocupación realice un nuevo intento. Me paré cerca del preocupado leñador, y con voz firme lancé otro conjuro.

-ONAM ANÚ DATRESNI SALLETNEC SAL ED ZUL AL ROP SONEURT Y SOLEIC-

Esta vez la luz, provenía del cielo, que iluminado por rayos y centellas, atemorizaba a todos los habitantes del bosque. Un viento helado se sintió de improviso y una nube de polvo de plata invadió la zona, la garra se ilumino y de verde paso a amarillo y luego a rojo, el dolor nuevamente se apodero de Derien, una mano muy peluda y deforme era la que tenía ahora. Con dudas miré mi obra y moviendo mi cabeza de un lado a otro, susurré para mis adentros. -¿Que pudo haber salido mal?-

En ese instante detrás de unos arbustos, que se movían, escuché unas voces chillonas, que riéndose cantaban -El pequeño aprendiz es malo, se equivoco otra vez. La próxima lo hará desaparecer.... Ji Ji Ji Ji -

-Quién anda allí !!- Grité con enojo.

Se asomaron riendo los pícaros gnomos burlones, vestidos de ropajes coloridos, con sombreros picudos y una copa en la mano.

Cuando los vi, dirigiéndome a ellos disimuladamente, y con mucho enfado por la burlona canción dije:

-Criaturas guardianas del oro, ¿Por qué os reís de un alma desafortunada y de un pobre aprendiz de alquimista?-

Estirando mi mano, tomé a uno de los gnomos de su chaqueta y lo levanté rápidamente del suelo.

-No!!, No!!. No te enojéis gran señor, majestuosidad de la magia-

-Mi nombre es Ratush, estamos de paso y la luminosidad nos dio curiosidad-

Con este discurso, el Elemental trataba de calmar la ira del aprendiz. Zador, lo encerró dentro de una botella que tenía para guardar pócimas y la selló con la intención de llevárselo con él y no liberarlo. Pero al mirar nuevamente al pobre leñador se le ocurrió que Ratush podría ayudarlo y decidió sacarlo de la botella. Acercándolo al leñador lo soltó y le dijo:

- ¡Basta de disculpas!, Ahora tendréis que ayudarme. Ya que os capturé y liberé, tenéis la obligación de concederme tres deseos-

-No los usaré para mí-.

Zador con actitud pensativa se dirigió al gnomo diciendo:

-El primero es, transformad la mano de mono del leñador en una normal-

Ratush sintió que debía cumplir la ley y aceptó darle los deseos.

-Os ayudaré con el conjuro, tomad una rama del abeto y tocad al leñador- Dijo el gnomo.

Zador corto un trozo de rama y con mucha suavidad, tocó la mano del ya entregado y sin habla Derien.

Un fulgor muy pequeño pero efectivo se produjo. Los pelos empezaron a desaparecer y una suave forma se empezó a divisar.

-¡Mi mano regresó!, gracias amigos- grito con alegría Derien.

El otro gnomo salió de su escondite, se acercó y abrazó a su compañero felicitándolo y saltando de alegría. Zador estrecho la nueva mano del leñador y saludo a los burlones hombrecillos.

-Nos tenemos que ir, decid cuales son tus otros deseos, Gran Magnificencia-

Habló el gnomo apoyándose en la rama para no caer al piso.

Zador miró a Derien, pensó un instante, y dirigiéndose a Ratush le dijo:

- Haz que encuentre a su doncella y pueda casarse. Y... Que encuentre oro para comprar su casa-

-Hecho, Gran Mago- dijo el gnomo y aplaudiendo dos veces no se los vio más.

Desde la niebla apareció en el camino lateral un carro tirado por bueyes, conducido por Luana, la doncella de la cual Derien estaba perdidamente enamorado. Se dirigía deprisa hacia donde estaban ellos, aún perplejos por lo sucedido. La doncella se detuvo y bajó del carro, corriendo hacia el leñador lo abrazó y le dijo:

- ¡Derien, Derien! un árbol de los que cortasteis tiene una rama de oro y por ventura nadie lo ha comprado. Venid... mirad está allí, en el carro. Creedme-

Luana no se había percatado de la mejoría de su amado y al verlos tan felices a ambos decidí retirarme.

-Os dais cuenta Némesis, por mi apresuramiento casi transformo en un monstruo a un buen hombre-

-No quiero que os pase lo mismo, os enseñaré lentamente y con prudencia- Dijo Zador con voz firme.

Némesis, parándose bruscamente y con enfado, le dijo:

-Zador, es muy tarde, Os pediría que continuáramos mañana-

El mago con una reverencia, se levantó y dirigiéndose hacia la puerta, se marchó.

 

Capitulo 4 " La duda"

El mago se sentía triste por la despedida ruda de Némesis,

aunque no ofendido por que estaba ofuscado por su amor. Salió de la estancia y siguió de cerca a la esclava que ahora, al ir frente a la luz de la entrada lanzaba sobre el pobre mago la imagen de su silueta perfecta. El mago no sabia que la cruel Némesis había ordenado a su esclava, que también era una iniciada, que lo sedujera para corromper su fortaleza espiritual e iniciar el hechizo. Zador comenzó a sentir una atracción incontrolable y a tener una lucha interna entre el amor sensual que tenía por Némesis y aquella visión de una mujer mucho más sensual aunque pobremente vestida. Se paró y enfocó sus ojos sobre la sombra alargada que se proyectaba en el suelo.

La esclava avanzó un poco más y también se paró volviéndose hacia él. La sombra alargada entremezclada con las ranuras entre las piedras planas del suelo deformaban enteramente la silueta, cuando Egle tomando un corto manto que cubría su espalda lo giró en torno de sí haciendo que el mago recibiera la impresión en la sombra de una serpiente que gira subiendo el tronco de un árbol. El mago se sobresaltó. La imagen de las serpientes enrolladas en el caduceo tocado con un petazo alado de sus estudios de juventud saltó a su mente y por un instante se olvidó de la silueta de mujer. Conseguido su propósito, Egle alzó uno de los brazos mientras bajaba el otro y se acuclillaba, de forma que su sombra proyectó una especie de Aleph sobre el suelo. El mago se turbó ahora de forma visible. EL caduceo, el principio, .... Ahora Egle se levantó, y sosteniendo el pequeño mantón entre las manos, levantó estas por encima de su cabeza y proyectó la imagen de vampiro negro que tenía por cuerpo una silueta de mujer.

Zador lloró amargamente sin levantarse del suelo. Comprendió que había estado engañado y que había abandonado lo que era todo su ministerio en busca del poder y la gloria terrenales.

La esclava se acercó y le abrió la palma de su mano, luego extendió el manto en el suelo y depositó sobre él unos cristales de color rubí que escondía en un pliegue de su tosca vestimenta. No podía creerlo. Aquella esclava tenía la petrus rubellus que él nunca pudo conseguir y que vanamente había buscado en plantas y magia. Con un rápido movimiento Zador recogió los cristales y sonrió. Todo su pesar de momentos anteriores se difuminó ante la idea del último poder que le daría la piedra. Luego, Egle tras lograr su objetivo se marchó y Zador feliz con el hallazgo se dirigió hacia su morada.

Némesis al conseguir que las piedras estuvieran en poder de su maestro, esperaba que el libro de los hechizos cayera en sus manos. Los días pasaban y el nerviosismo hacía mella en Zador. Tenía el rubicundo cristal, pero era incapaz de conocer su uso a pesar de los múltiples volúmenes de alquimia que tenía. Los años y el amor a Némesis habían cegado su espíritu y era incapaz de comprender frases tan claras como la que le ofrecía aquel tratado de la obra negra en su capítulo final “sólo has de plantar la semilla en una tierra adecuada, dale humedad y calor y protege el nuevo vástago de la radiante luz del sol”.

El ahora tenía lo que ni su maestro había sido capaz de conseguir, aunque también sentía impotencia por no poder concretar el conjuro. Pero ni con la magia pudo conseguir descifrar las claves de utilización, por que su corazón estaba cerrado a la luz.

Durante estos días no pensó para nada en Némesis, y ésta se paseaba furiosa por su castillo sin noticias de Zador, culpándose de haberlo despedido agresivamente. Los pensamientos le llevaban al mago a la idea de volver a ver a Egle y pedirle perdón por su rudeza y sobre todo interrogarla sobre como había conseguido la petrus rubellus, pero sabía que era imposible dentro del castillo. Una tarde en que las sombras empezaban a cubrir su morada y su rostro desencajado veía como otra porción del preciado cristal se perdía en un nuevo experimento fallido, maquinó un plan para que las hadas le ayudaran a resolver el misterio.

Inicio una caminata hacia el bosque con la única finalidad de encontrar

a Gaspel su vieja amiga. Nuevamente las Hadas estaban de fiesta y al llegar a un pequeño claro vio algo que lo sorprendió !!!!!!

CONTINUARÁ....

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