CUENTO PARTICIPATIVO
Colaboraron en la redacción: Claudine, Yasmin, Nito, Ted, Concepción, Nebrik, Paula, Nati, y Jonathan
EL HECHIZO DE NÉMESIS
Capitulo 1 "El Gran Mago"
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Un viejo caldero humeante llenaba de niebla la oscura habitación, mientras una tenue luz de luna entraba por la pequeña ventana, iluminando el viejo libro de hechizos que sobre la mesa de roble, esperaba a su mago para volver a la vida.
Era una noche de otoño cuando el mago, caminando lánguidamente sobre las hojas del bosque, buscaba a las hadas que lo ayudarían en su trabajo de alquimista. Ellas habitaban en los lirios, las azucenas y las violetas. El mago sabia, que en esas horas salían a buscar miel y leche de oveja, para preparar el elixir mágico, que era su único alimento. Recordaba preocupado los materiales que le permitirían terminar la poción que había prometido enseñarle a su hermosa aprendiz, de quien estaba locamente enamorado. Sentía, como si la juventud hubiera retornado a su cuerpo gastado por los años de trabajo mágico. |
La doncella Némesis, se había acercado al gran mago Zador para conseguir, que éste le transmitiera los secretos que el Gran Osmuld, maestro de Zador, le había transmutado al elegirlo como su sucesor.
Antes de desaparecer definitivamente, Osmuld, le hizo prometer que solo podría revelarlos al puro de espíritu. Por sus condiciones mágicas, Zador recibió de Osmuld, el báculo del poder y la esfera de cristal mágica, así como el conjuro para revivir al libro de hechizos.
Un profundo silencio, que solo era quebrado por el firme caminar del mago. El suave aroma de maderas frescas invadía todo el ámbito del místico bosque de hadas. De pronto un estrepitoso ruido corto el silencio del lugar y sacó de su concentración a Zador, un brioso corcel halado llegaba embistiendo las ramas, desparramando hojas a su camino, como si tejiera una alfombra sombría. Su jinete, era el Hechicero Milkad, enemigo de las hadas y rival mágico de Zador. Detuvo su vuelo frente al Mago. Increpándolo, demando que le dijera: "que hacía en su bosque"; al tiempo que le arrojó una bola de fuego a los pies, con la intención de iniciar un combate mágico. El mago levantando lentamente su rostro, con una mirada fulminante, le respondió: "solo estoy de paso rumbo al Castillo Maclaud. No deberías molestar a un peregrino pacífico; y menos aún, atacarlo con poderes tenebrosos. Milkad, sintió la fuerte presencia de Zador y sabiendo que los poderes del mago eran superiores a los suyos, como todo cobarde, escapo diciendo: "por esta vez, te permitiré cruzar, pero que no quiero volver a verte.". Con el mismo volar desaliñado, emprendió el camino de vuelta, a su reino de tinieblas.
Detrás de un colorido hongo se asomo tímidamente, una criatura sobrenatural de pequeño tamaño, contextura sutil y vaporosa, cabellos rizados y labios intensamente rojos. Era el Hada Gaspel, susurrando para llamar la atención de Zador, quien sonriendo la saludo y elogio su hermoso vestido de hilos de plata y pétalos aterciopelados, de una belleza casi irreal. El Hada le contó, que iba a la fiesta que se realizaba en el claro del bosque, cuando el Hechicero apareció y la perturbo, debiendo esconderse para que no la atrapara, forzándola a entregarle la esencia de las flores.
"¿Que fiesta es esa?", pregunto Zador. "Es la fiesta del rocío", respondió el hada Gaspel. "¿No te gustaría acompañarme?". No, respondió Zador, tu sabes que si escuchara la música de las hadas, sentiría un irresistible llamado a danzar y caería en un sueño profundo del cual no querría despertar. El Mago, solo pensaba, que debía encontrar los elementos para regresar a su trabajo, y reunirse con Némesis en la torre del Castillo. Para no ofender al hada, con su rechazo, le dijo: "Aceptare tu invitación, en otro momento. Ahora debo encontrar raíces de cinamomo y hojas de artemisa, para una preparación que estoy terminando. ¿podrías ayudarme a encontrarlas?". El hada Gaspel, molesta por la negativa, con muy poco animo de colaboración, señalo hacia un grupo de plantas: y deslizándose por el aire, con movimientos sutiles, se alejo convencida de que volvería a buscar a Zador para otra fiesta. El mago sorprendido, miro hacia donde el hada le señalara. Encontró las plantas que buscaba, levanto las raíces, con claros signos de enfado por su distracción y el valioso tiempo perdido, en su encuentro con Milkad, levito emprendiendo el regreso.
De vuelta en su morada, toma el mortero y tritura las raíces, busca el botellón azul con el agua de máxima vibración y mezcla los ingredientes. Sus movimientos son automáticos, su pensamiento se encuentra lejos, en el castillo Maclaud, donde su amada lo espera, para aprender el uso de la poción de la clarividencia. Torpemente vuelca una copa, que al derramar el contenido y rodar por el piso lo retorna a la realidad.
Mientras tanto, en el castillo, la joven Némesis se prepara vistiendo ropaje muy sensual, para conquistar el amor de Zador y engañarlo para robarle todos sus conocimientos y sobre todo apoderarse del báculo del poder y del libro de los hechizos, que son la fuente de la fuerza del gran mago. Némesis, tenia planeado con lo poco que había aprendido, realizar un conjuro que transportara a Zador a las tierras de las tinieblas, de donde sin el báculo no podría regresar. También pensaba celebrar un pacto para reinar en el bosque con Milkad, con quien soñaba encontrar el Oráculo Sardano y así lograr la inmortalidad.
Capitulo 2 "La Búsqueda"
Toda una noche de trabajo, había agotado las fuerzas de Zador. Rendido por el cansancio acumulado de varios días, se entregó al sueño casi sin darse cuenta, apoyando su cabeza sobre la mesa. Un tibio rayo de sol, jugueteaba por la bola de cristal, que como cuidando el descanso del mago, estaba a su lado.
El canto de un ruiseñor despertó al alquimista, quien preocupado por la hora, tomó una bolsa de cuero rojo, donde guarda con cuidado una caja con incrustaciones de ébano, que contenía los materiales que necesitaba y un botellón con la pócima. Levantó su capa de la vieja silla y saliendo presuroso, llamó a su corcel Baal, que desde cerca del bosque, al trote responde al llamado, relinchando contento al ver a su amo.
Como rayo a través del sinuoso camino, levantando polvo blanco y destellante, a la luz del sol del amanecer, las figuras del jinete y su caballo, avanzaban hacia la entrada del Castillo.
En la torre, un centinela con una pesada armadura plateada, reluciente y con un arco en su mano, divisaba por el camino, aquella pareja que como fantasmas, irremediablemente venían hacia su fortaleza. A medida que se acercaban, reconoció que se trataba del gran mago Zador y su corcel Baal. Avisó a la guardia y dio la orden de abrir las puertas de acceso. Un tremendo ruido de cadenas y maderas, corto el silencio, de la plaza del castillo, al caer el puente levadizo.
Zador, saludando al vigía ingreso, sin detener su marcha. Al llegar a la puerta, con sorpresa vio a una bella mujer, de cabellos color negro profundo, como si aún la noche permaneciera en ellos, de mirada triste y melancólica, que lo esperaba con flores frescas en sus manos. Zador, saltando de su corcel como un guerrero, se acerco a la esclava Egle y cortésmente le pregunto — ¿Dónde está vuestra Ama?. La esclava con movimientos suaves y gentiles le indico que la siguiera. Por un largo y tenebroso pasillo, cubierto de muérdagos, que impedían penetrar la luz del sol caminaron hasta el salón donde se encontraba Némesis, la aprendiz, a quien el mago venia a enseñar la Alquimia.
La doncella, sentada en un sillón, con mirada firme y altiva, saludo a su maestro, invitándolo a compartir una infusión de hierbas aromáticas verdes. Le ordenó a su esclava que dejara las flores y sirviera a Zador. Con una voz muy suave, casi embriagante, le pidió a Zador ... — Relátame Gran Maestro alguna de vuestras aventuras, antes de iniciar la Magia.
El maestro no podía resistir ningún pedido y saboreando el té, inició el relato de "la búsqueda de la antorcha mágica de la unidad del reino".
— Hace ya algún tiempo... cuando era mucho mas joven, los señores de los castillos estaban enemistados y sostenían guerras sin cuartel desangrando al reino. Para terminar con esas luchas, se debía elegir a un Rey. El elegido sería aquel que pasara con éxito la prueba fijada por los Dioses. Esta consistía en sostener la mano sobre la llama de la verdad, sin quemarse. Para evitar posibles trampas, los dioses señalaron que la antorcha con la llama se encontraría dentro de una cueva, en el Volcán Narí, custodiada por Minotauros y solo un gran mago podría pasar entre los celosos custodios. Fue entonces, que todos los aspirantes, confiando en mis poderes y conocimientos, me encomendaron la misión.
Emprendí el largo y peligroso viaje, acompañado de un pequeño grupo de valientes soldados; quienes en varias oportunidades debieron desenvainar sus espadas para combatir en nombre de la noble causa de la unidad. Luego de interminables jornadas, arribamos al lago Esdra, por el cual navegamos en una balsa precaria para llegar a las laderas del volcán.
Continuaba Zador su relato, mirando con mucha ternura a los ojos de Némesis, quien fingía, que le interesaba la historia y se estremecía con la aventura del mago.
—Una vez ubicada la cueva, el grupo se quedó en la entrada esperándome, ingresé solo... cauteloso... sabiendo lo que podía esperarme al final de la caverna, donde divisaba una luz roja muy fuerte. No tardé mucho tiempo en encontrar a los cuatro Minotauros, de cabezas muy grandes y fealdad nunca vista, que se abalanzaron hacia mí. Gracias a mis rápidos reflejos salté a un costado y subí sobre una roca prominente, desde donde lancé un conjuro que congeló a las bestias...! —DIMROD A SAL SAITSEB HO OLEIH ONRETE !!!— Pude entonces... con mucha más calma, continuar con la búsqueda de la antorcha.
Al ingresar en la profundidad iluminada; al borde de un río incandescente y humeante, divise un altar tallado en la roca, que tenía clavado en el centro, - como una cuña -, la antorcha, construida de madera de olivo. Sin dudarlo, la tomé y emprendí el camino hacia la salida.
En ese instante... sentí una estremecedora explosión, el río de lava comenzó a desbordar muy rápidamente, como dándome alguna señal. Una lluvia de piedras incandescentes caía a mi paso, la salida se cerraba vertiginosamente... Encontré una pequeña grieta que me permitió descubrir un puente de madera que cruzaba el gran centro del volcán. Con un conjuro me desmaterialicé, atravesando de esta manera la pared de la caverna y materializándome al pie del puente. Sin dudarlo corrí por él, al llegar al otro extremo vi con asombro, como se desmoronaba la montaña sin piedad. Con la antorcha en mi mano logré salir de aquella trampa mortal. Reencontrándome con los soldados.
- ¿Cómo pudiste desmaterializarte maestro?- Némesis, pregunto con curiosidad
- A su tiempo te lo revelaré - respondió Zador y continuó con la historia.
Al cruzar el lago, en la balsa, estaba esperándonos en la orilla, un ejercito comandado por el Hechicero Milkad, quien pretendía tomar la antorcha, y destruirla para que la desunión continuara en el reino, beneficiándose de las divisiones de los señores e incrementando su poder y su dominación maléfica. Desembarcamos sin preocuparnos y caminamos hacia ellos, el primero en cortarnos el paso fue Amaranto, el brutal jefe de la guardia de Milkad, blandiendo un hacha de hielo. Para defender a mi grupo lance sobre el agresor una ráfaga de viento mágico que lo tiró de su montura, y recordando el conjuro de mi gran maestro Osmuld, transforme en árboles a todas las huestes del hechicero Milkad, quien de rodillas pidió clemencia y juro respeto a las decisiones de los Dioses. El tiempo me apremiaba, no podía demorarme más, fue cuando decidí perdonar a Milkad y retornar al castillo con la antorcha mágica, para la prueba.
Némesis, emocionada por el relato, con voz muy suave, le agradeció a su maestro...
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