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La obesidad en los perros y gatos

Perros y gatos sufren al igual que las personas, las consecuencias del sobrepeso que, por lo general, tiene que ver con una excesiva porción de comida diaria y una escasa actividad física. Pero también puede deberse a trastornos de tipo endocrino, por lo que es necesario acudir al veterinario cuando se sospeche de que la mascota está demasiado obesa.

Los perros, son más propensos a engordar que los gatos ya que no dudan en probar cualquier bocado que se ponga a su alcance. Si se les permite, se convertirán fácilmente en obesos y serán candidatos seguros a enfermar. Por eso, hay que declarar la guerra a los kilos de más, teniendo en cuenta que adelgazar implica algo más que racionar la comida.

La mejor manera de evitar que los perros o los gatos tengan kilos de más es controlar correctamente su dieta, cumplir con la jornada de paseo diario, reducir la ingesta de carbohidratos y, por supuesto, evitar todo tipo de dulces.

 

  • Educación alimentaria desde cachorro

La buena educación alimentaria comienza cuando el animal es cachorro. Si la mascota tiene señales de obesidad debe racionarse la comida e incluir en la dieta diaria vegetales crudos o cocidos, arroz y salvado de trigo. Evitar el consumo de dulces, pasteles y caramelos. Hay que dejar de lado los mimos innecesarios, es decir, de freír los higaditos de pollo antes de colocarlos en el plato de su gato. Siempre es preferible que tomen alimentos secos, ya que cuentan con todos los componentes alimenticios que requiere la mascota.

  • No comer entre horas

Al igual que ocurre con las personas, el exceso de comida y las ingestas entre los horarios de comida son la causa fundamental del exceso de peso. Ciertas razas tienen predisposición al sobrepeso. También los machos castrados y las hembras esterilizadas tienen tendencia a la gordura. Los perros y gatos con exceso de peso suelen tener dueños gordos.

  • Cómo educar a un gato para la convivencia

Convivir con una mascota pasa por mantener una buena relación con el animal. Conseguir que el gato se acostumbre al contacto y la presencia humana es realmente imprescindible para que la convivencia sea más fácil. Hay veces que la mascota se muestra agresiva con todo aquel que está junto a él. Habrá que averiguar la causa de estos comportamientos para poder solucionarlos satisfactoriamente.

Aunque el gato tiene fama de ser un animal independiente, también es cierto que necesita establecer relaciones con su entorno, especialmente cuando se trata de animales de grandes poblaciones. En estos casos, la relación con los dueños equivale a las que establece con sus semejantes en el entorno natural. De esta forma, según una teoría compartida por muchos expertos, estos animales perciben al ser humano como un congénere más.

  • Importancia de las etapas iniciales

La relación que el gato establece con el hombre empieza a cimentarse en el período comprendido entre los dos meses de vida (destete) hasta los seis u ocho meses (aunque esto varía entre unas razas y otras). Así, el comportamiento social del ejemplar adulto dependerá, en gran parte, de las condiciones de desarrollo del gato joven.

Uno de los factores relevantes de la sociabilidad del gato reside en el tiempo que pase con su madre: cuanto más se aproxime al periodo natural, mayor predisposición tendrá para mantener relaciones adecuadas con el hombre. Por el contrario, si el destete se produce a una edad prematura, el animal tiende a considerar al dueño como su propia madre y el comportamiento infantil tiende a alargarse y repetirse en su vida de adulto, con el desequilibrio y la falta de estabilidad que ello conlleva.

  • El juego como aprendizaje

En las edades tempranas, el gato aprende mediante el juego las reglas esenciales para la vida en grupo y se va percatando de las consecuencias de su comportamiento. La madre alienta desde el principio la aparición de juegos en los que toman parte los diversos miembros de la camada. Uno de ellos se produce cuando la gata utiliza las zarpas posteriores para golpear la panza de sus descendientes. Esto les enseñará uno de los principales mecanismos de defensa en su vida de adultos.

Los mordiscos en estos juegos empiezan alrededor de la cuarta semana, con enfrentamientos entre los ‘hermanos’ en los que se intercalan estos ataques y empujones que se interrumpen a la menor muestra de dolor por parte de cualquiera de los ‘púgiles’. Gracias a estas peleas, el gato aprende para su vida de adulto cuando su mordedura empieza a causar dolor y la forma en que podrá jugar con sus dueños sin infringir ningún daño.

Cuando se produzca un mordisco, antes que pegar al animal, es conveniente, tras el daño infringido, emitir un pequeño chillido y pellizcar ligeramente la piel del animal hasta que emita el mismo sonido. De esta forma, se comprende el dolor causado y cesarán este tipo de ataques en los juegos.

  • El contacto con el hombre

Otro factor importante en el grado de sociabilidad de este tipo de mascotas es el contacto que ha tenido con seres humanos a edades tempranas. Por lo tanto, es bastante difícil educar a un gato cuando ya es adulto, es decir, a partir de la séptima semana, aproximadamente. La actitud idónea para establecer una relación de confianza será la de aprender a manipular al animal desde su nacimiento: tomarlo en brazos, acariciarlo, etc.

Por estas mismas razones, es muy importante, cuando se adquiere un ejemplar, informarse de las condiciones y el hábitat en que ha sido criado y educado, además de percatarse de si tiene la costumbre de dejar que se le acerquen los seres humanos.

En consecuencia, no existen razones para que un gato muestre un comportamiento antisocial y agresivo. Si esto se produce es porque el animal ha sufrido alguna experiencia traumática que ha producido trastornos en su proceso de sociabilidad y gran parte de la responsabilidad de ello recae, en muchas ocasiones, en el propio dueño.

  • El conejo, una simpática mascota

Hoy por hoy , cuando se habla de mascotas siempre se piensa en perros, gatos, tortugas o hamsters. Sin embargo, desde hace algunos años, la variedad ha irrumpido en el mundo de los animales de compañía con la incursión de serpientes, arañas, lagartos, etc. Para la mayoría de la gente la palabra 'conejo', significa la imagen de un animalito con una mirada gentil y una nariz que se mueve constantemente. Sin embargo, el hecho es que ha pasado de ser un animal de granja que se destinaba puramente al consumo a convertirse en un miembro más de la familia en muchos hogares del mundo.

  • Un carácter tímido

Existe la creencia común de que los conejos y las liebres son animales temerosos. En su ámbito natural, este comportamiento viene determinado por la necesidad de supervivencia, es decir, estos animales son el principal objetivo de muchos predadores como lobos, aguilas, zorros o comadrejas, por lo que mantener una actitud siempre alerta es su mejor arma. Así, ante cualquier amenaza, este animal tiene dos únicas opciones: darse a la fuga o agacharse simulando estar muerto. En el hogar, se comportan de forma similar. Si percibe ruidos estridentes o muy altos el conejo se aplanará contra el piso, con las orejas hacia atrás, los ojos abiertos de par en par, y le temblará el cuerpo.

Esta necesidad de seguridad les lleva a marcar el territorio que consideran de su pertenencia. En el campo lo harán mediante la colocación de ramas o piedras en torno a la madriguera o bien mediante secreciones corporales. En su vida de mascota, estos animales considerarán su refugio la jaula o los sitios que más frecuenten, territorios que también serán delimitados perfectamente por el animal. Aunque son animales tranquilos, no son raros los enfrentamientos con sus congéneres por defender su espacio.

  • Nutrición de la mascota

Los conejos son herbívoros. Su dieta se compone de diversos vegetales, con un componente fibroso preponderante, es decir, comen mucho forraje y poco grano. Las peculiaridades de sus procesos digestivos hacen que los conejos necesiten una dieta muy especial. Debe contener gran cantidad de celulosa y no demasiados azúcares simples o almidón que pueden fermentar rápidamente en su lento tránsito intestinal. Además, los conejos necesitan comer cada poco tiempo para que el tránsito de alimento se mantenga, por lo que ingieren pequeñas cantidades cada vez que se alimentan. Se ha estimado que un conejo puede ingerir alimento hasta 80 veces al día.

Existen tres componentes principales en la dieta de un conejo: el forraje seco, los alimentos concentrados y los alimentos verdes.

El forraje, fresco o seco, debería ser el componente principal de la dieta. El mejor forraje seco que se puede dar a esta mascota es un heno de buena calidad, formado por variedad de plantas, con un olor agradable y que no esté mohoso o descolorido.

Los alimentos concentrados han de darse en cantidades mínimas por los problemas digestivos que podrían causar al animal. Formarían este grupo alimentos muy energéticos y ricos en hidratos de carbono como los cereales. Nunca deben de suministrarse en una cantidad superior a 10 grs. por kg. de peso vivo del animal y día, y siempre han de darse triturados, pues de otra manera el conejo podría comerlos enteros, con lo que se digerirían mal y darían problemas.

Los alimentos verdes pueden constituir el 45 % de la dieta, pero hay que acostumbrar poco a poco al animal. Si de golpe se le suministra una gran cantidad de alimentos verdes se le provocarán desarreglos intestinales. Además, si la mascota no está acostumbrada al alimento fresco, se deben ir aumentando todos los días poco a poco su cantidad hasta alcanzar los límites deseados. Como alimento verde se les puede dar trébol (no más de un 20 % del total de forraje verde), alfalfa, diente de león, llantén, zanahoria, pera y manzana (peladas). También hierbas aromáticas como la salvia o la menta serán aceptadas.

En cuanto al agua, es conveniente saber que requieren de 3 a 5 litros de agua fresca y se recomienda que el recipiente sea lo bastante pesado para que no los tiren. Por las formas y el material hay que fijarse cual se adapta mejor al alojamiento.

  • Cuidados básicos

El conejo tiene que ser controlado diariamente para detectar cualquier anormalidad. Hay que asegurarse de que beban agua y coman sus alimentos. También es necesario inspeccionar sus dientes con regularidad: tienen que estar firmes, y los superiores sobrepasando a los inferiores. Es necesario vigilar que no tengan pulgas o piojos, y se puede usar aceite de cocina para suavizar las orejas.

Entre las enfermedades más comunes de esta mascota se pueden destacar:

Ácaros en las orejas: se puede producir por el rascado o sacudida de las mismas.

Orina roja: se debe controlar la alimentación.

Mucosidades: normalmente producidas por infecciones bacterianas en las vías respiratorias.

Llagas o úlceras: se producen por contacto con pisos rugosos en las plantas de las patas.

Cuello torcido: originado por infección bacteriana en la oreja interna asociada con enfermedades respiratorias.

Maloclusión: los dientes opuestos no se enfrentan.

Ojos llorosos: se tapan los lagrimales, a veces asociados con enfermedades de las vías respiratorias.

  • Cómo debe ser el alojamiento

Pueden ser jaulas de alambre o casillas de madera (no se debe olvidar que el conejo es un roedor, así que si es de madera, ésta debe ser de buena calidad). Las primeras se adaptan para interiores, en cambio las de maderas se recomiendan para lugares externos. El tamaño del alojamiento dependerá mucho del volumen de la mascota aunque, como norma general, se toman cada 0,70 metros cuadrados de alojamiento por cada 500 grs. del peso del animal elegido.

En cuanto a su ubicación, como primera medida, siempre hay que tener el alojamiento bien ventilado y hay que tener mucho cuidado con las altas temperaturas, ya que no las soportan.

 

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